sábado, 28 de mayo de 2011

Los dinosaurios carnívoros eran cazadores nocturnos



Los grandes dinosaurios herbívoros se alimentaban de día y de noche, mientras que los carnívoros como el temible velociraptor de la película Parque Jurásico, eran cazadores nocturnos, según revela un estudio de la estructura ocular de 33 fósiles de dinosaurio.


Esta conclusión, a la que llegaron el geólogo Ryosuke Motani y el investigador Lars Schmitz, de la universidad estadounidense UC Davis, contrasta con la creencia extendida de que los dinosaurios eran diurnos, mientras que los primitivos mamíferos salían a cubierto de la noche. «Fue una sorpresa, pero tiene sentido», dijo Motani.



En el estudio, que se publica en la edición digital de la revista Science, Motani y Schmitz determinan los hábitos diarios de los dinosaurios a través del estudio de sus ojos.



Los dinosaurios, al igual que lagartos y pájaros, poseen un anillo óseo llamado anillo escleral en el ojo, a diferencia de mamíferos y cocodrilos.Los animales diurnos tienen una pequeña abertura en la mitad del anillo, que es mucho mayor entre animales nocturnos e intermedia en los que son activos tanto de día como de noche.El tamaño de estos rasgos depende tanto del entorno (ecología) como de la genealogía (filogenia), por lo que ambos investigadores fabricaron un programa informático para separar la «señal ecológica» de la «señal filogenética».


Luego aplicaron esta técnica a los fósiles de dinosaurios herbívoros y carnívoros y de pterosaurios, los grandes reptiles voladores antecesores de los pájaros.


Sus mediciones revelaron que los grandes herbívoros salían tanto de día como de noche porque necesitaban comer la mayor parte del tiempo, al igual que los modernos elefantes.


Velociraptores y otros pequeños carnívoros eran cazadores nocturnos, según el estudio, que no incluyó al gigantesco tiranosaurio rex al no existir fósiles bien conservados de sus anillos esclerales.


La mayoría de los pterosaurios estaban activos de día.


La posibilidad de separar los rasgos genealógicos de los ecológicos da a los investigadores una nueva herramienta para entender cómo vivían los animales en su entorno y cómo este influyó en su evolución a lo largo de millones de años, señaló Motani.

Titanomyrma lubei, una hormiga gigante que atravesó el océano Ártico



Hace 50 millones de años había hormigas que eran tan grandes como los colibríes. Por lo menos las de la especie Titanomyrma lubei, que medían 5 centímetros de longitud.


Un equipo de investigadores de la universidad estadounidense Simon Fraser ha descubierto el fósil de uno de estos ejemplares en un antiguo lago de Wyoming (EE.UU) y han publicado su trabajo en la revista Proceedings of the Royal Society B.



Además de ser el fósil más grande que se ha encontrado de una hormiga, según recoge Livescience, los científicos han determinado que estos insectos gigantes pudieron cruzar desde Europa hasta América del Norte, o viceversa, a través del Ártico.



Y lo hicieron, sugieren los investigadores, a través de los puentes de tierra que unían los continentes, durante uno de los periodos particularmente cálidos en la historia de la Tierra, en los que "se podría haber caminado desde Vancouver hasta Londres por tierra firme", señala Bruce Archibald, responsable de la expedición.



La clave, señalan los científicos, fueron estos periodos de tiempo -relativamente breves- en los que la temperatura subió lo suficiente como para hacer transitable el Ártico, aunque los biólogos no están seguros de dónde comenzó el viaje, si en Europa o en América del Norte.



Sus restos son muy similares a otros fósiles de hormigas localizados en Alemania y en la isla de Wight, al sur de Inglaterra, que datan del mismo periodo.


En esta ocasión "tenemos el fósil de una reina, pero no hemos localizado el de ningún obrero", indica Archibald, una muestra de una "hormiga monstruosamente grande".

Planetas que no orbitan a una estrella y con masa comparable a la de Júpiter




Se encuentran esparcidos por la Vía Láctea, solos, en la oscuridad del universo, sin una estrella madre que les acoja. Aunque acaban de ser descubiertos es probable que estos 'planetas huérfanos' sean muy numerosos, incluso más que aquellos que orbitan alrededor de un sol.



Un equipo internacional de astrónomos ha descubierto esta nueva clase de planetas del tamaño de Júpiter que flotan en la oscuridad del espacio, lejos de la luz de una estrella y que hasta ahora habían pasado desapercibidos. Los expertos creen que estos cuerpos "viven en soledad" tras ser "expulsados del desarrollo de sistemas planetarios".



El descubrimiento, publicado en la revista Nature, describe una decena de cuerpos bautizados como 'planetas huérfanos' que "flotan libremente" a unos 20.000 años luz de la Tierra.


"Es un resultado asombroso, y de ser correcto, las implicaciones para la formación planetaria son muy profundas", afirma Debra Fishcherm astrónoma de la Universidad de Yale, en Connecticut.



Aunque se han encontrado evidencias de la existencia de diez de ellos, los científicos creen que podrían existir otros muchos planetas 'vagabundos', más pequeños y que serían tan comunes como aquellos que orbitan en torno a una estrella, como la Tierra o incluso mucho más numerosos .



Los investigadores se basaron en las observaciones del centro de la Vía Láctea que llevaron a cabo astrónomos japoneses y neozelandeses entre 2006 y 2007.



Los planetas se detectaron gracias a la técnica de microlente gravitatorio que escanea la luz en la Vía Láctea en busca de eventos gravitacionales. Consiste en curvar la luz de los planetas más lejanos y aumentarla por la gravedad de las estrellas.



Los astrónomos no saben donde se originaron estos cuerpos oscuros, pero creen que fueron expulsados de sus sistemas por encuentros gravitacionales con otros planetas o estrellas, aunque otra posibilidad es que se encuentren en órbitas muy muy distantes de alguna estrella, algo raro en planetas de esta masa.

El mayor depredador del Cámbrico

Un equipo de paleontólogos ha descubierto un grupo de criaturas, extintas desde hace cientos de millones de años, que llegaron a alcanzar tamaños insospechados hasta ahora y que sobrevivieron a la extinción que hubo al término del Cámbrico, una era geológica en la que la vida aún no había salido de los océanos.

Se trata de un nuevo anomalocárido, de más de un metro de longitud, que ha sido encontrado en el sureste de Marruecos, en una rica región fosilera, por el paleontólogo belga Perter Van Roy, de la Universidad de Ghent, y que vivieron 30 millones de años después de cuando se suponía que había tenido lugar su extinción.


Estos animales son artrópodos marinos y recuerdan a los calamares por su aspecto. Los ahora presentados tienen entre 488 millones y 472 millones de años de antigüedad, por lo que ya no son del Cámbrico sino del Ordovícico. Su estudio permite conocer mejor estos organismos de cuerpo blando, cuyos apéndices al principio se consideraron gambas gigantes. En los hallados en Marruecos se han encontrado rasgos morfológicos que podrían funcionar como agallas."


Los anomalocaris son los animales predadores de mayor tamaño de aquella época, aunque luego surgieron otros mayores. Los ejemplares que describimos tienen más de un metro de longitud", explica Van Roy, y matiza: "No fueron los primeros carnívoros, el comportamiento depredador surgió mucho antes, en animales mucho más pequeños, por ejemplo los trilobites, pero siempre en el medio marino antes que en el medio terrestre".